Entrevista exclusiva a Luis Gómez Juanes (Director de Ramón y Cajal: dibujos en la retina)
En esta ocasión tenemos el privilegio de conversar con Luis Gómez Juanes, director de Ramón y Cajal: dibujos en la retina y director creativo de Filmociencia, una productora dedicada a tender puentes entre el rigor científico y la narrativa audiovisual. Su trabajo se ha convertido en un referente por su capacidad para transformar conceptos complejos en historias accesibles y visualmente cautivadoras, sin perder profundidad ni sensibilidad.
Con Ramón y Cajal: dibujos en la retina, Gómez Juanes se adentra en el universo íntimo del gran científico español, explorando no solo su legado científico, sino también la estética, la emoción y la humanidad detrás de sus ilustraciones neuronales. En esta entrevista, hablaremos con él sobre el proceso creativo detrás del documental, la importancia de divulgar ciencia con mirada artística y los retos y aprendizajes de trabajar en la frontera entre arte y conocimiento.
¿Cómo nació la idea de hacer un documental sobre Santiago Ramón y Cajal?
Yo trabajo con vídeos y documentales, pero hasta ahora no había dirigido un largometraje. Hacer algo sobre Ramón y Cajal era una idea que tenía desde hacía tiempo, pero no me di cuenta de lo fascinante que era hasta que empecé a leer y a documentarme. En algún momento mi socia Paloma Banderas (co-fundadora de la productora Filmociencia), Andrés Díaz (Zerkalo Films) y yo nos reunimos para hablar de ello. Los tres vimos que allí había una película… y luego vino todo lo demás.
¿Qué te atrajo especialmente de su figura: el científico, el artista o el ser humano?
Es difícil separarlo. Cajal fue una persona que tenía fijación por las imágenes, en lo científico y en lo artístico. Fue un gran dibujante y fotógrafo, también escribió que el aparato visual fue su gran pasión de laboratorio… todas estas cosas se mezclan en su trabajo, por ejemplo en cómo las imágenes del mundo exterior entran por la retina y se acaban formando otra vez en el cerebro. Luego en su vida estuvo en la Guerra de Cuba, fue inventor, escribía cuentos, se comprometió mucho con la España de su tiempo… Hizo muchísimas cosas.
¿Qué crees que sigue haciendo vigente a Cajal más de un siglo después?
Por un lado a Cajal se le considera el padre de la neurociencia y sus teorías siguen vigentes. Luego también cuando miras sus dibujos te das cuenta de que guardan un misterio. En realidad no sé cuál es la razón, pero creo que esto sigue llegando al espectador en el presente.
¿Cómo surgió el título «Dibujos en la retina» y qué significado tiene para ti?
El título me lo dio mi pareja y fotógrafa, Iciar Vega de Seoane. Teníamos clara la palabra retina como «lugar» entre el mundo interior y exterior, y que a la vez tuviera algo sugerente. Iciar hace fotolibros y trabaja mucho con poesía e imagen, en cuanto le dije la idea ella me planteó el título y no lo dudamos.
¿Crees que el talento artístico de Cajal fue esencial para sus descubrimientos científicos?
Totalmente, no se puede entender al científico sin entender al artista. Un día leí un artículo de Javier Sampedro que decía que «Cajal dibujaba para pensar», creo que es justo eso. La forma que Cajal tenía de observar me recuerda mucho a la película «El Sol del Membrillo» (de Víctor Erice), donde Antonio López pintaba un cuadro de un membrillo de su jardín durante las estaciones del año. Yo creo que había algo de esto en la manera de trabajar de Cajal.
¿Cómo abordaste la representación visual de sus dibujos microscópicos en el documental?
Para mí era importante crear la atmósfera y el contexto que nos acercara a su universo visual. También los dibujos son muy variados y funcionan de forma diferente en diferentes momentos de la película. Por ejemplo se conectan con pinturas surrealistas o con un bosque o con un sonido, según el momento. Pero a la hora de mostrar los dibujos propiamente lo hicimos de forma sencilla y sin mucha floritura.
¿Qué enseñanza deja Cajal a los jóvenes científicos y artistas de hoy?
Dicen que era condescendiente con sus alumnos, en parte por lo dura que fue su juventud. Se preocupó mucho por la educación en este país y tuvo un papel central en la Institución Libre de Enseñanza. También escribió «Reglas y consejos sobre investigación científica (Los tónicos de la voluntad)», que todavía leen estudiantes de muchas carreras. Yo creo que algunas de las cosas que quiso transmitir fueron la fuerza de voluntad, la honestidad intelectual y la mejora de la sociedad.
¿Cómo fue el proceso de documentación y acceso a archivos, museos o instituciones?
Ha sido una de las partes más largas y difíciles del proceso. Desde que empiezo a leer ya más centrado en hacer el documental, viene todo de golpe. Hablo con diferentes expertos, escribo versiones de guion, contactamos con instituciones, buscamos el material visual disponible, etc. El trabajo de documentación estuvo al inicio de la preproducción y no terminó hasta la última versión de montaje, incluso después.
¿Qué papel han tenido los expertos o las instituciones como el Instituto Cajal en el proyecto?
Sin ellos no habría película. Hemos tenido la suerte de que muchas instituciones nos abrieran las puertas de forma totalmente desinteresada. Fernando de Castro, por ejemplo, fue muy generoso y nos permitió rodar en su casa, donde tiene el Archivo científico Fernando de Castro, reconocido por la UNESCO. Los expertos vienen de muchas disciplinas y son quienes dan forma al documental. Además tuvieron la santa paciencia de apoyarnos en todo lo que pudieron. No puedo estar más agradecido.
¿Qué decisiones estéticas o narrativas fueron clave para transmitir la esencia de Cajal?
La narración se trabajó sobre varios hilos argumentales que se entrelazan y van dando forma al relato. Una de las claves fue tratar de acercarnos a las inquietudes de Cajal en torno al mundo de las imágenes, pero desde una mirada presente. Aunque sólo podemos suponerlo, una idea fue jugar a mostrar la naturaleza y las imágenes como yo imaginaba que Cajal las veía.
¿Qué papel juegan la música y la imagen en la construcción del tono del documental?
Paloma Banderas (directora de fotografía y colorista) y yo trabajábamos siempre con antelación los planos que íbamos a rodar, llevamos mucho tiempo trabajando juntos y enseguida damos con los planos que necesitamos. Tenían que evocar una atmósfera que nos acercara a la vida de Cajal y su forma de mirar en los diferentes momentos de su vida. Yo creo que muchas veces se ve en Cajal una mezcla entre rigor y belleza, y un poco de humor quijotesco también.
La música fue un contrapunto a todo esto. Quería algunos detalles de música clásica española de principios del S.XX, pero a mí me venía la música de algunos artistas actuales. Entonces, cuando Amy Fajardo (compositora de la banda sonora original) se incorporó a la película, de forma espontánea nos pusimos a hablar de ciencia ficción. Hablamos de que Cajal era un explorador de mundos por descubrir y tiramos de ese hilo. Entonces me enseñó algunas maquetas suyas que pensaba que podrían ser un punto de partida, y en seguida vimos en qué dirección avanzar. Fue todo muy fluido, y creo que la música es de las mejores cosas que tiene esta película.
¿Hubo alguna escena o entrevista especialmente emotiva o difícil de filmar?
Muchas. Ahora me viene la primera de todas, con la que preparamos el teaser inicial. Fue a José Ramón Alonso, que más adelante se incorporó al equipo como asesor experto. Es uno de los mayores expertos en Cajal, pero además tiene una mirada muy sensible y amplia en torno a Cajal y todo lo que le rodea, más allá del científico y más allá del artista.
¿Qué parte de la personalidad de Cajal te resultó más inspiradora o más cercana?
Yo hice la carrera de físicas y después cine, y siempre me he sentido un poco dividido, como si tuviera dos formas de entender la realidad que chocan. Cajal quiso ser pintor y no lo fue porque su padre insistió en que fuera médico. Pero cuando desarrolló su profesión lo hizo integrando todas sus facetas de forma muy directa. Esto me inspiró enormemente, y creo que en la película hay algo de esta búsqueda para reconciliar las dos cosas.
¿Qué mensaje te gustaría que el público se lleve tras ver «Ramón y Cajal: dibujos en la retina»?
Si la disfrutan y además ayuda a reivindicar su figura y su legado, sería perfecto. Lo demás creo que es algo entre la película y cada espectador.
Si pudieras hacerle una pregunta hoy a Cajal, ¿cuál sería?
No he pensado esto nunca, quizás le preguntaría qué es lo que más le gusta y lo que más le horroriza de nuestro presente.
¿Qué lugar crees que ocupa Cajal en la cultura contemporánea española y mundial?
A Cajal lo descubrieron los extranjeros, y creo que eso dice mucho de nuestro país. Pero estamos hablando de uno de los grandes científicos de todos los tiempos. También influyó enormemente en el surrealismo español, en el desarrollo de la ciencia española, en la opinión pública de la época. Creo que es cuestión de tiempo que se le reconozca como merece. Hay mucha gente luchando por ello.
¿Crees que el cine documental puede ayudar a acercar la ciencia a la sociedad?
Por supuesto. Creo que no es el fin último de una película con temática científica, sea documental o ficción, pero sin duda el audiovisual es un gran medio para acercar la ciencia. Y además es una responsabilidad, la ciencia está incluso en las cosas más cotidianas. Si hay menos cultura científica, hay menos democracia.
¿En qué proyectos relacionados con la divulgación o la memoria científica te gustaría trabajar en el futuro?
Tengo algunos proyectos relacionados con ciencia y otros que no tienen nada que ver… y como les pasa al resto de guionistas, la mayoría están en el cajón. Pero ahora estoy especialmente centrado en otro personaje histórico (todavía en desarrollo) y en una serie documental preciosa en colaboración con el CSIC que conecta adolescentes de entornos muy diferentes con investigadores e investigadoras del CSIC.




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