Entrevista exclusiva a Cristina Rosselló (Directora de Èrem una gran família)

Con motivo de su estreno mundial en el Festival D’A el sábado 21 de marzo, Èrem una gran família llega como una de las propuestas más personales y sugerentes de la nueva temporada cinematográfica. Dirigida por Cristina Rosselló, la película se adentra en los vínculos familiares, la memoria y las heridas invisibles que atraviesan generaciones, construyendo un relato íntimo y universal a la vez.

En esta entrevista, Rosselló nos habla del origen del proyecto, de su proceso creativo y de los desafíos de llevar a la pantalla una historia tan cargada de emoción y significado. También reflexiona sobre el papel de la familia como espacio de identidad, conflicto y reconciliación, en una obra que promete resonar profundamente con el público.

Conversamos con la directora en un momento clave, a las puertas de su presentación ante el público internacional, para descubrir las claves de una película que invita a mirar hacia dentro y a revisitar nuestras propias historias compartidas.

¿Qué te impulsó a contar esta historia en tu primera película? 

La productora LaCima conoció la existencia de este archivo donado a la Filmoteca de Cataluña y vio claramente que ahí había una película. Me contactaron para que yo la dirigiera y en cuanto vi las imágenes me quedé fascinada. No es común ver imágenes rodadas en celuloide de escenas cotidianas de esa época (desde los años 40 hasta finales de los 90) y tiene algo cautivador. Además, la protagonista tiene una sensibilidad y una puesta en escena que muchas veces te da la sensación de ver una película de cine clásico.

¿Hay elementos autobiográficos o experiencias personales reflejadas en el guion?

No hay elementos autobiográficos, el guion es el resultado de un ejercicio híbrido entre los recuerdos de los hijos de la protagonista que hablan durante la película y una reconstrucción de la historia de España durante el franquismo y la transición. Es inevitable en todo momento contextualizar las imágenes y llevarlas al terreno personal, eso sí. En mi caso había momentos que me llevaban a compararlas con fotografías familiares y en otros no podía obviar que estas imágenes fueron rodadas desde el privilegio y que en el país había hambruna y la mayoría de la población lo pasó realmente mal.

¿Cuál fue el mayor reto al dirigir tu ópera prima?

El mayor reto fue dotar a las imágenes de un punto de vista autoral. Ese archivo brilla por sí solo, pero eso no lo convierte en una película. Detrás, hay un trabajo de escucha, de diálogo y de búsqueda de discurso que me pareció complicado al inicio pero del que estoy muy satisfecha.

¿Cómo describirías el proceso de escritura y desarrollo del proyecto? 

El proceso fue super estimulante y muy divertido. Pasó por muchas fases: la búsqueda de música de la época (intentando que fuese del año exacto y española), el trabajo con los testimonios de los familiares, construir un relato ciñéndome al material que había, hallazgos maravillosos del nodo que de repente parecían hablar de la familia, la construcción de esa relación con la macrohistoria del país partiendo de la microhistoria familiar… Ha habido momentos desafiantes de bloqueo pero estoy encantada con la experiencia.

¿Qué significa para ti el concepto de “familia” que plantea la película?

Creo que en cada familia hay una historia que contar, si indagas un poco (a veces no hace falta bucear demasiado) tienes una película en potencia. En el caso de la familia Fiter lo resumiría en una familia que disponía de todos los recursos para ser feliz y acabó hundida un poco en paralelo con el régimen.

¿Hubo alguna escena especialmente compleja de montar o de dar forma?

Sin duda el final de la película fue lo más complicado. Toda la película está construida desde el film footage donado por la familia (y no quería que se mezclara con imágenes rodadas de los familiares) y había un conflicto importante que quería contar sobre la decadencia familiar y no tenía archivo para contarlo. Probando montajes distintos di con una fórmula que creo que describe a la perfección lo que quería transmitir, así que ¡reto superado!

¿Qué referentes cinematográficos te inspiraron durante la creación del film?

Sin duda como referente principal está “My Mexican Bretzel” de Núria Giménez, que es una película de archivo maravillosa que me encantó por su punto de vista y por cómo está contada. Puede beber algo de “Un instante en la vida ajena” aunque no me gustó tanto el uso que hace del archivo. No es habitual ver películas construidas en su totalidad desde archivo doméstico, así que quizás los referentes sean poco concretos y más de experiencia acumulada y de todo el cine que he visto en general.

¿Qué aprendizajes te llevas de esta primera experiencia como directora de largometraje? 

Me llevo un aprendizaje muy grande de toma de decisiones y de ser una las principales responsables del resultado final de la película (junto con los productores). Como montadora siempre hay un trabajo de diálogo, de propuesta constante y de cooperación con la directora o el director del proyecto, pero en este caso la construcción de la película recaía en mí, así que el aprendizaje ha sido enorme. Muy gratificante.

¿Qué emociones esperas despertar en la audiencia?

Creo que va a ser un disfrute para los amantes de la imagen cinematográfica y garantiza el deleite estético. La película tiene muchas capas de lectura. También es cine como manifestación política, cine que ayuda a соnocer el pasado y a colmar el interés de un amplio sector del público deseoso de ver este tipo de películas que conectan profundamente con el presente y con sus historias propias.

¿Qué importancia tiene la música en la construcción emocional de la historia?

La música tiene un papel fundamental. Por una parte la música de época que dialoga directamente con las imágenes, y luego la música original. Marc Verdaguer ha hecho un trabajo maravilloso y me ha encantado vivir ese proceso con él. Hay un leitmotiv para cada emoción. Sobre todo uno relacionado con Franco y con los momentos de tensión, y otro relacionado con Miquelina y los momentos de felicidad.

Hay apuntes, temas que acompañan, música más presente y otra que incomoda o queda tapada por ruido. Lo que más me gusta es haberle quitado la música a los nodos y haberlos musicalizado nosotros, les da otra dimensión. Jorge Alarcón, que ha hecho la postproducción de sonido también ha tenido un peso decisivo en el resultado.

¿Qué mensaje principal te gustaría que permaneciera después de verla?

Lo personal es político. Y como en ocasiones me dice Pattet, que esta es una historia de amor y de odio.

Después de Érem una gran família, ¿hacia dónde te gustaría evolucionar como cineasta?

Voy a montar otro documental este año y estoy escribiendo un proyecto para dirigirlo en cuanto pueda. La ficción me gusta mucho y no me gustaría dejarla de lado.

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