Entrevista exclusiva a Ana Serret (Directora de Apuntes para una ficción consentida)

El cine independiente continúa demostrando que las historias más personales son, en muchas ocasiones, las que consiguen conectar con mayor fuerza con el público. En ese terreno se mueve Ana Serret, directora de Apuntes para una ficción consentida, una película que invita a reflexionar sobre los límites entre la realidad y la ficción, la memoria, las relaciones humanas y la propia naturaleza del acto de crear.

Con una mirada íntima y una narrativa que apuesta por la sensibilidad antes que por las fórmulas convencionales, la cineasta construye una obra que deja espacio para la interpretación del espectador, planteando preguntas más que ofreciendo respuestas. Su trabajo demuestra una clara voluntad de explorar nuevas formas de contar historias sin perder de vista la emoción y la honestidad que nacen de las experiencias personales.

En Diggin Society hemos querido conversar con Ana Serret para conocer cómo nació este proyecto, cuáles fueron las principales influencias durante su desarrollo, los retos que encontró en el proceso de producción y qué mensaje espera que permanezca en la mente del espectador una vez terminan los créditos.

A lo largo de esta entrevista descubriremos el universo creativo de una directora que entiende el cine como un espacio de libertad, experimentación y diálogo, donde cada imagen y cada silencio tienen un propósito. Una conversación para adentrarnos en los entresijos de Apuntes para una ficción consentida y conocer de primera mano la visión de su creadora.

¿Cómo nació la idea de Apuntes para una ficción consentida y qué fue lo que te impulsó a convertirla en una película? 

Nació de una conversación con Isabelle Stoffel sobre un Audio Walk suyo en una residencia de ancianos en Suiza. El Audio Walk es un trabajo sonoro y me pareció fascinante así que me fui a casa pensando en cómo podría filmarlo. Inmediatamente ese impulso se transformó en demasiadas preguntas, la primera, ¿qué hace esta actriz suiza en Madrid? Y a partir de ahí surgieron las ganas de rodar una película entera con ella.

El título despierta mucha curiosidad, ¿qué significado tiene para ti y qué querías transmitir con él?

Fue lo primero que escribí. No es lo habitual, normalmente es lo último que hago y me cuesta mucho dar con las palabras precisas, pero en este caso fue así y derivaba directamente de la idea de hacer una película ‘con’ y no ‘sobre’ Isabelle. Yo vengo del documental y siempre los he planteado de este modo, no creo que una forma más tradicional de contar historias se acerque más a la realidad, se puede contar a una persona dando rodeos y creando un puzzle de vivencias que la completen. Los apuntes derivan de la costumbre de Lea de apuntar ciertas frases, palabras o los mismos refranes que su vecina María Luisa conserva para ella, como una forma de contarla desde ahí.

¿Cuáles fueron las principales influencias cinematográficas, literarias o personales durante la escritura del proyecto?

Inicialmente el fotógrafo Saul Leiter fue un referente inmediato, su trabajo con el fuera de campo, con los reflejos que duplican la realidad y la cuentan de otra manera y también la sensualidad de sus retratos femeninos, con ese sol en el rostro o en el cuerpo, enlazaba directamente con Lea y ese tempo suspendido en el que ella vive. Después simplifiqué mucho la estética por coherencia con el tono de la película pero de alguna manera fue un punto de partida. Otros fotógrafos como los suizos René Groebli o René Burri junto con el asturiano Gonzalo Juanes ayudaron a componer el personaje de Lea.
Por otro lado, quería rodar las calles de Madrid con un planteamiento sencillo, simplemente dejando a los actores en su entorno real, más documental. Me fascinaba el inicio de Vanya en la calle 43 de Louis Malle, con esos personajes que caminan todos hacia un mismo lugar por las calles de Nueva York. Así que volví a ver muchas de sus películas. Las cocinas de Greta Gerwig en Frances Ha también fueron muy inspiradoras o la forma de estar con los personajes de Mia Hansen Love.

¿Qué aspectos de la historia consideras que conectarán de una forma más profunda con el público?

Apuntes es una película imperfecta y hace gala de la imperfección como forma de estar en el mundo. Es un gran  ‘¡Y por qué no!’ , porque olvidarte de los prejuicios da muchísima libertad y eso te hace conectar con ese personaje imperfecto, un poco excéntrico pero a la vez tremendamente libre que es Lea. En los pases previos al estreno nos ha sorprendido cómo conecta con el público joven y es que en realidad todos esos apuntes confluyen en la conclusión de que todos somos Lea. Hablamos de precariedad, de esas ciudades que nos echan a vivir al otro lado del río, que ya no buscan mantener su identidad sino adecuarla al consumo de un turismo que nos convierte en figurantes en nuestras propias ciudades.

¿Cómo fue el proceso de desarrollo del guion y cuánto cambió desde la primera versión hasta el resultado final?

Fue un proceso largo, al inicio me dediqué a pasar tiempo con Isabelle, filmando o yendo juntas al teatro, al cine, compartiendo lecturas, también fui un par de veces a Suiza con ella y participé en sus Audios Walks. Elaboré un cuaderno con muchísimas notas y entonces me separé de esa realidad construyendo una ficción seguramente ambiciosa porque no era fácil encontrar financiación para rodar en dos países. Después empecé a compartir con los productores Xesc Cabot y Pep Garrido, que también es guionista y acabé limando el guion de forma que pudiera rodar todo lo esencial de forma honesta. Un punto de inflexión fue cuando decidí que toda la película sería un Audio Walk y transformé a Violeta, la compañera de piso de Lea, en la voz guía de toda la película.

¿Qué buscabas en el reparto y qué aportó cada intérprete a sus respectivos personajes?

El reparto nació de forma intrínseca al guion, de hecho al principio los personajes tenían los nombres de los propios de los actores porque no concebía que fueran interpretados por otros. Tuve suerte y pudieron hacerlo, les gustaba el guion y todo encajó. No se interpretan a sí mismos, en absoluto, pero me resultaban muy inspiradores y todo surgía de forma natural a la hora de escribir.

La película juega con la frontera entre realidad y ficción, ¿qué te atrae de ese tipo de narrativas? 

No sabría decir qué es exactamente ficción y qué realidad, yo no logro encontrar esa frontera, ni siquiera en mi propia vida. De todas formas, en el momento en que pones una cámara delante todo se transforma, ya hay una acotación, un punto de vista, una decisión precisa de lo que metes dentro y de lo que dejas fuera. Por otro lado, no conozco a nadie que escriba sin incluir ciertas vivencias propias o ajenas. Somos esponjas y creamos desde nuestra propia realidad.

¿Cuál fue el mayor reto durante el rodaje y cómo lograsteis superarlo?

Supongo que la secuencia del salto al Rhin. Aterrizamos por la mañana en Basilea un equipo de 6 personas y eso me incluía a mi y a Isabelle. Rodamos algunos recursos y nos fuimos al río. Dió tiempo a filmar a Isabelle desnudándose pero justo en el momento del salto, empezó una tormenta tremenda y tuvimos que refugiarnos debajo del puente. Al día siguiente volvíamos a Madrid, así que todos estaban desesperados. Yo me puse a ver lo que teníamos ya rodado buscando soluciones y cuando el sol estaba a punto de ponerse, salí del puente, la lluvia era menos intensa y las nubes alejándose me dieron esperanzas. Le pedí a Lourdes, la maquilladora que preparara a Isabelle y de pronto dejó de llover. El ayuntamiento nos había advertido que no era recomendable el baño en el río porque estaba muy crecido y después de semejante tormenta la corriente era bestial. Pero Isabelle se lanzó. Dos saltos y se fue la luz. Lo teníamos. Podíamos volver a Madrid.

Desde el punto de vista visual, ¿qué decisiones de fotografía, color o puesta en escena fueron fundamentales para construir el universo de la película?

Todo se construye a partir del personaje de Lea. La precariedad y la lucha tenían que estar también en la luz para acompañar sus vivencias, aunque a pesar de todo acabe siendo un personaje luminoso. Huí totalmente de contraponer un Madrid cálido contra una Basilea fría. No se trataba del lugar sino del estado emocional de Lea, así que trabajamos una luz y un color siempre natural y a menudo precario. Respecto a las secuencias de exteriores en Madrid, quise ser ligera y rodamos con un equipo de apenas cuatro personas. No quería cortar calles ni parar a la gente, lo que se ve es lo que estaba pasando en ese momento, la única intervención era poner a Lea o Javi en ese entorno. Sucedieron muchos instantes mágicos, que por supuesto no todos están en la película, pero esa ligereza documental permanece.

¿Qué importancia tiene el sonido y la música dentro del relato?

Mucha. El piano es un personaje más, tiene vida propia en ese personaje de Javi, que es un pianista que no habla. El sonido en mis películas siempre ha tenido un papel preponderante, es un instrumento poderoso y trato de tener el tiempo suficiente para poder exprimirlo al máximo. Tuve la suerte de trabajar las mezclas con Pablo Leyva y con la montadora de la película Marta Velasco. Los dos son extraordinarios, siempre abiertos a experimentar y buscar opciones para construir un relato sonoro al mismo nivel de la imagen. Esa es la idea, el sonido no acompaña, crea discurso.

¿Hubo alguna escena especialmente complicada de rodar por su carga emocional o por sus exigencias técnicas?

La secuencia del ensayo con Isabelle Stoffel y Alex Brendemühl. Cuando llegamos a la localización en el piso de arriba había una sala de ensayo y un grupo tocaba a todo volumen. Era imposible rodar, así que anticipamos la comida. A la vuelta, me quedé sola con los actores. No habíamos podido ensayar y ambos necesitaban intimidad  y tiempo, a pesar de que el equipo estaba muy nervioso porque en pocas horas había que dejar la localización y eran muchas páginas de guion. Pero los actores fueron extraordinarios y surgió una conexión entre ellos que aceleró todo el proceso.

Como directora, ¿qué has aprendido de este proyecto que aplicarás en tus próximos trabajos?

El cuidado del equipo, es importante rodearte de las personas adecuadas para cada momento del proceso, no solo durante el rodaje.

¿Crees que el cine independiente atraviesa un buen momento o sigue encontrando demasiadas barreras para llegar al público?

Depende de dónde vivas, la industria española es muy rígida y hay poco espacio para películas más libres. En otros países arriesgan más y esto ayuda a que surjan huecos y fórmulas alternativas, también a nivel de salas, que aquí lo están pasando muy mal. La distribución es fundamental y cuando solo hay dificultades, corres el riesgo de que nadie vea tu película. Sin embargo, estamos muy sorprendidos de cómo está recibiendo la película el público joven, se me acercan emocionados y me escriben porque conectan muchísimo con el mundo de Lea, a pesar de no ser de su generación y seguramente, porque la precariedad y la incertidumbre respecto al futuro son parte de sus propios problemas. Esto no era algo evidente ni esperábamos que sucediera. Los prejuicios rígidos de lo que vende y de lo que no, no ayudan a cierto público que de alguna manera se acaba cansando si no encuentra algo que le emocione, algo que le haga seguir hablando de la película al salir de la sala o acercarse a la directora para agradecerle y decirle, gracias, estabas hablando de mi.

¿Cómo describirías tu estilo como directora y en qué aspectos crees que ha evolucionado con este trabajo?

No sabría decirte, supongo que eso es algo que se explica desde fuera. Mi único objetivo es no perder la esencia de la película, no traicionarla con virguerías que no le pertenezcan, cada película es diferente. Cuando hacía documentales lo único que quería era meterme en la cabeza de cada una de las personas que retrataba y contar desde ahí, haciendo películas con ellos y no sobre ellos, evitando hacer un documental sobre tal o cual persona. Supongo que eso da un cierto grado de intimidad a mis películas, pero también buscaba que hubiera sorpresas dentro de los planos, eso supone conocerlos bien y mucha paciencia para acoplarte al tempo de lo que estás filmando. Aquí lo trasladé a la secuencia de la despedida eterna a la salida del camerino filmada en único plano. Me interesa tanto lo que sucede fuera de campo como lo que está dentro y como en documental existe el riesgo de querer filmarlo todo, yo siempre quise relajarme y dar espacio a ese fuera de campo y es algo que mantengo. A mi como espectadora me encanta la sensación de estar dentro de un película que me incita a completar la propuesta con lo que se ha quedado fuera de la propia imagen.

Si pudieras resumir Apuntes para una ficción consentida en una sola idea o emoción, ¿cuál sería?

Todos somos Lea.

 ¿Qué tipo de conversaciones te gustaría que generara la película entre los espectadores una vez termina la proyección?

En los pases previos al estreno, se ha hablado mucho de precariedad, de las ciudades parque temático, que expulsan del centro a sus habitantes y los convierten en figurantes para disfrute de los turistas. Durante el rodaje, varios de los técnicos estaban dejando sus casas porque les habían subido tanto el alquiler que tenían que irse del centro a la periferia, que por cierto, se mueve cada vez más lejos.

También hay un acercamiento bonito a la profesión de actuar, traté de ser honesta con eso que a mí me generaba muchísima curiosidad precisamente por ser mi primera ficción y tener que dirigir actrices por primera vez. No quería caer en tópicos sino intentar contarlas desde dentro, de una forma más íntima.

 ¿Hay alguna anécdota del rodaje que recuerdes con especial cariño y que refleje el espíritu del equipo?

El equipo fue muy generoso, era un equipo pequeño y rodamos en apenas veinte jornadas, en dos países y no había tiempo para casi nada, pero todo el mundo remaba en la misma dirección y a pesar de las prisas, había un ambiente tranquilo, muy colaborativo que nos hizo disfrutar a pesar de que no haber trabajado nunca juntos.

Hubo un momento mágico mientras filmábamos la secuencia del camerino después de la función que reúne a cinco personajes fundamentales en la vida de Lea. La idea era que uno de ellos, el pianista, empezaba a tocar el piano y era una oportunidad de parar el tempo de la película y poder detenernos en cada personaje con primeros planos. Javier Porro no es un pianista profesional ni tampoco un actor, así que no sabía que no hacía falta que tocara el piano cada vez que filmábamos los planos cortos. Después de un par de tomas, le dije que podía parar si estaba cansado pero él me preguntó si ayudaba que siguiera tocando, por supuesto le dije que sí y no solo ayudó a los actores sino que nos regaló un momento increíble a todos los del equipo que sabíamos que después de eso teníamos que correr a otra localización.

¿Qué consejo darías a los jóvenes cineastas que quieren sacar adelante su primer largometraje?

Sólo podría aconsejarles que se rodeen de la gente adecuada, una de las cosas más bonitas de hacer cine es trabajar en equipo, conseguir el grupo de personas adecuadas al proyecto es empezar con buen pie.

Para terminar, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente y qué podemos esperar de Ana Serret en el futuro?

Tengo varios y me gustaría rodar en Asturias, cosa que no es nada fácil, pero además me he dado cuenta de que estoy escribiendo dos películas en una, así que ahora estoy trabajando para separarlas sin dejarme nada por el camino.

Tags:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *